Israel Galván En Huesca el día 30 de octubre.

En el marco del festival PERIFERIAS este año dedicado a “lo nuevo ” nos encontramos con un gran bailaor que no está lejos de controversia, quizás esté demasiado avanzado para los gustos de los aficionados del baile de corte más clásico pero hay que reconocerle que domina genialmente toda la técnica y se atreve a establecer nuevas sendas y crear escuela.

Danza: La Curva (España)

PALACIO DE CONGRESOS
Domingo 30, 19:30 h.

Israel-Galván. Foto de Félix VázquezEn 1924, Vicente Escudero presentó en el Teatro La Courbe de París una experiencia singular. En el que sería uno de sus espectáculos más atrevidos, mezclaba, bajo la advocación cubista, igual un número dedicado al «football» que su famoso zapateado a imitación del ruido de una pirámide de sillas al desmoronarse sobre el suelo. En el número titulado «La Courbe» se anunciaba, con cierta picardía comercial, el baile de jazz con que al año acabaría triunfando Josephine Baker. Es un enigma qué bailaría Escudero, sólo sabemos, por las descripciones, que usaba una caja de banjo como cajón de resonancias. Tras «Tabula Rasa», un experimento con la sincronización temporal de la música en el que la triada flamenca tradicional de voz, instrumento y baile se presentaban por separado, Israel Galván quiere adentrarse ahora, con «La curva», en otro espacio vacío. Hay una textura común entre el cante solitario y casi atonal de Inés Bacán y las cualidades tónicas del piano solo de Sylvie Courvoisier. Hay un punto de vibración, de vibrato, que identifica la voz primitiva con el piano de vanguardia. Adentrarse sólo en ese espacio tensado, eso pretende evocar Israel Galván. En solitario, cada una de estas dos mujeres —es importante que sean dos mujeres— hará tensar sus cuerdas para llenar el espacio de vibraciones. En algún punto quizás podremos escuchar la vieja caja de banjo que evocara Escudero. Como indicara Deleuze, cualquier espacio con vibraciones se hace curvo, se dobla, se pliega. Es en ese pliegue espacial que quiere bailar ahora Israel Galván. Después de dejar vacío el encerado con «Tabula Rasa», un verdadero ejercicio de borrado, punto de partida y comenzar de nuevo, ahora, en esa pizarra en blanco se empieza a trazar un sencillo dibujo: una curva. Con «La curva» quiere seguir replanteando de raíz su vocabulario flamenco, reescribiéndolo desde cero, en unas sesiones límites en la que poco a poco va despojándose, a la vista del público, de toda su sabiduría. Un acto de verdadera creatividad outsider a cargo de este magnífico artista que ha recibido el Premio Nacional de Danza y que regresa a Periferias tras su conmovedora actuación de 2008 con su espectáculo «La Edad de Oro».


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