Diego Carrasco el compás personificado en Huesca

Cultura

CRÍTICA MUSICAL

El gitano hippie

Diego Carrasco, durante su actuación en Huesca el pasado jueves.
Diego Carrasco, durante su actuación en Huesca el pasado jueves. | PABLO SEGURA
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Diego Carrasco arrolla en Huesca con su personalidad y compás

POR JULIO GONZÁLEZ

14/05/2011


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HUESCA.- “Soy un gitano hippie, un gitano hi-ppie”, cantó Diego Carrasco a un patio de butacas que recogió con risas la ocurrencia. La suya es la mejor definición que se le puede hacer como artista y flamenco. Y es que Carrasco demostró su arte inclasificable, su libertad creativa y su personalidad. Después, para gustos, los colores, pero a este gitano hippie, que le quitan lo “bailao”, que es mucho desde hace décadas.

Carrasco trajo a Huesca ese arte ecléctico, deudor de todo, que toma de aquí y de allá, pero en el que lo personal predomina por encima del resto.

Es capaz este flamenco jerezano de “rapear”, de hacerse estrella del rock o recitar poesía, siempre manteniendo su marca y sin solución de continuidad. Se trata sin duda de un creador, algo difícil cuando se habla del territorio flamenco, sus veredas o territorios adyacentes. Y ante un discurso tan variopinto, queda el apabullante dominio del compás como sostén de todo. Y es que Diego Carrasco es sinónimo de compás, el rey del ritmo, un maestro de la bulería y los tiempos tanto con la guitarra como con su voz.

En esas ofreció un recital intenso, pues la otra característica de Diego Carrasco es que echa toda la carne en el asador, con su voz recia, su toque racial y también su baile guitarra en mano o no, esas patadas por bulerías.

La gente lo disfrutó e incluso Carrasco les hizo partícipes del espectáculo en algún momento, entre su música y las idas y venidas para echar un brindis copa de vino en mano. Y en medio de todo ello, personales homenajes al recientemente fallecido Fernando Terremoto o a Camarón de la Isla.

El inicio del recital fue lo más tradicional, si es que se puede aplicar un término tan alejado de Diego Carrasco. Comenzó acompañándose, solo en el escenario, con personal soleá y polo y después cantó por tangos ya con el acompañamiento del toque de su sobrino Curro Carrasco, de Navajita Plateá, y del ritmo al cajón de su hijo Ané.

También aparecieron los sonidos de las alegrías y las seguiriyas en algún momento y por supuesto las bulerías, muy presentes en todo momento, pero todo ello desde una interpretación personalísima y la mezcla. Y es que para Diego Carrasco no hay nada intocable. Guste más o menos, el flamenco necesita de más personalidades como la suya.

Fuente : diariodelaltoaragón.

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